Ella… a veces siente que la piel se le desprende extrañando, huyendo, como buscando seducciones nuevas, revitalizadoras, que la salven de antiguas pasiones encarnadas y ya frías, agonizantes, lastimando sus entrañas agobiadas… muriendo lentamente en su tiempo despojado, ausente, irreparable…
Tiempo que pasa a su lado, como si no fuera el de ella, como si no pasara para ella.
Pero es el de siempre, ese que no se detiene nunca, el que el reloj marca día a día, y que lo visualiza en sus manos manchadas, en la piel gastada, en el dolor del alma.
Para siempre, para siempre… se va… y en el sin retorno, se va llevando de ella todo, o ¿nada?
Caparazón de una vida entera, y debajo de eso, ¿que? Siempre la desesperada búsqueda de sostenes emocionales, para seguir aferrada y no caer en esa espiral mareante, agónica, desapasionada y helada de tanto desamparo.
Como único cobijo, se aferra a la noche, amante silencioso, inalterable, protector, fiel…
Ruega que se quede, que no transcurra, que no amanezca… miedo de la luz de la madrugada, que la quiebra en su realidad y con un tiempo que se va de nuevo, y otra vez la sensación de estar ajada, seca… esperando una vez más, ¿que?…
Las cinco de la mañana la encuentra despierta, y otra vez las cinco de la mañana, y otra vez, y otra vez.
Sin reparos, también la abandona y sigue su curso.
En su desnudéz de alborada, envuelta en su atavío de palabras…las esconde en su sangre para sentirlas y latir con ellas, último vestigio que la ayudan a respirar en sus desgarrados quebrantos, sus inventadas fantasías de vida…
A veces siente… a veces grita… y se abraza a sí misma conteniendo ese vacío eterno.
Ella…
Sue
