Como las embestidas de las olas en las rocas, así mis sentimientos se estrellan con la vida, tempestuosos, agónicos, atrapados en mi alma, igual que ese mar en sus movimientos impetuosos, ellos se alzan y trepan a lo más alto, como mirando primero más allá de todo, buscando ese horizonte que no veo, que es imposible alcanzar, sin embargo está allí, pero me atrevo… y arremeto deseosa, impaciente, vulnerable.
Tan callado, tan dentro de mí, tan prohibido a veces…
Como contorsionándome, juego a evitar las pasiones más fuertes, las que me dejan esa huella a fuego, arañando en su camino, quedándose incrustadas, que van envejeciendo conmigo, pero las provoco… y las vivo cayendo, levantándome, o huyendo, para volver otra vez, una y otra vez, sin darle tregua a mi deseo…a ese deseo que me impulsa a sumergirme en oscuras borrascas tentadoras, peligrosas, marismas insondables, terminar acariciando las magulladuras conquistadas, sintiéndolas y enarbolándolas como trofeos… míos… solo míos…
En el intento, complemento lo mágico con las fantasías, las realidades con los sueños, aunque sean utópicos, la importancia de alucinar proyectando llegar a ese borne inalcanzable, pero que existe…tan real.
Transitar mis días aunque sean rutinarios y hasta monótonos pero inventándoles una pizca de misterio, permitirme que mi risa se quiebre en millones de cristales iridiscentes para iluminar mis caminos insospechados, dejarles espacios a las lágrimas, siempre, aprobando que en su paso me laven el alma y me dejen flamante para seguir planeando.
Desafío, apuesta, reto, batalla…LA VIDA…
Gozar al límite lo ilimitado.
Sue
