La ciudad se acomodaba a esa tarde medio dormida por el calor, y que ya se iba arrimando a una noche pegajosa y sin atisbo de brisa alguna, en aquella quietud aún vibraban las campanadas de la catedral que llamaban a misa de 8.
Un buen pueblo_ decían todos_ un buen pueblo tranquilo para vivir y de venerables familias arraigadas en sus viejas costumbres.
Todo comenzó una noche en el Teatro, cuando dos hombres, enemigos íntimos, quedaron hechizados por la belleza de aquella mujer: Ana. Era él Don Benjamín Paz, Arzobispo, dueño de una congregación de monjas y curas que le rendían pleistecía, y èl, aventurero, de profesión Don Juan: Alvaro Tudesco, egocéntrico y vanal personaje.
Ella había llegado a aquel lugar, casada con Don Tomás Valverde, terrateniente y hombre ya maduro, heredero de tierras ascentrales y orgulloso descendientes de nobles estirpes. Ana había asomado a su adolescencia agobiada de rezos inacabables y pecados exorcizados en todos los rincones por sus tías solteronas, estrictas y secas que la criaron con poco amor. Aquel casamiento le permitía por fin alejarse de ellas, y si bien no aportaba linaje alguno para equiparar el de su marido, como único bagaje llevaba su exuberante juventud atada a una desolada inocencia, y sin saberlo aún, guardaba en su alma, deseos, lujurias y pasiones desconocidas y todavía sin descubrir.
En su vida marital solo estrena la tibieza de un sexo que le prodigaba su marido una que otra vez en noches descarnadas de ternuras. Le apasiona más la caza que enseñarle a su mujer las proezas del amor… La vida social comienza a ser un escape para Ana, y la empujaba a descubrir de qué se trataba la vida. Las noches en el Teatro, las cenas y los almuerzos campestres le permitían
el halago constante de sus pretendientes, a quienes alentaba casi con descaro y no sin cierta virtud.
Ser protagonista de esa audacia le producía un profundo gozo…
Era divertido escucharlo al cura apabullándola con sus letanías de vida casta, llena de ocupaciones nobles y poéticas que exigían esfuerzos y sacrificios, pero a la vez era apremiante en su deseo de escucharla en confesión, para así conocer sus secretos más íntimos.
Mientras tanto, el Don Juan, más seguro de sí mismo y de sus subterfugios amorosos, entre susurros, roces disimulados y complicidades, la estremecían haciéndole encender la sangre… La exitaba el peligro y el provocar tanto a uno como al otro, la sumergían en tentaciones jamás imaginadas y que le dejaban el alma temblorosa.
En cada encuentro se animaba un poco más, ansiaba descubrir el placer de lo prohibido, la seducción de la victoria, creciendo cada vez màs en su imaginación y perdiendo el temor del castigo o la cólera de Dios.
Envuelta en ese juego peligroso, como un torbellino, va cambiando algo en ella… presiente que ese destino perseguido será también su final…
Deja abandonado al cura con su diablo lascivo ardiendo en su infierno…Y sin pensar en nada, perdiendo la conciencia, toma la decisión de explorar lo anhelado, sólo quiere unirse a él, gozar con él de sus cuerpos ardientes y de las pasiones por fin desbordadas y sin límites… A partir de ese momento, sólo necesitaba ese placer secreto, la voluptuosidad del sexo descubierto, la pasión devoradora…Con cualquier excusa, cada vez más alejaba a su marido de su cama, sintiendo la premura de romper esas cadenas, logrando que surgieran en su mente pensamientos nefastos y sin compasión va alimentándose de ellos…
Un día, a todos en el pueblo sorprendió que Don Tomás, no saliera a cazar como era su costumbre, una debilidad misteriosa lo tenía rendido, postrado, de estar lúcido, pasaba a la exaltación o al delirio. Los médicos estaban desconcertados y trataban de animar a Ana con débiles promesas de mejoría.
Esa noche, mientras ella velaba su agitado descanso, el sonido del viento en la ventana rompe el silencio sepulcral de la habitación, produciéndole un terror extraño que la estremece, siente un suave aliento rozando su rostro…Don Tomás se ha ido…
El pueblo entero acudió a su velatorio, y no hubo nadie que no comentara sobre aquel extraño olor de almendras amargas que emanaba de su entreabierta boca…..
Sue
15-06-2011
