Ese día se levantó cansada, pero no físicamente, era un cansancio del cansancio mismo, que le pesaba en los huesos empujándola hacia abajo, casi no le permitía estar erguida, lo peor que ni siquiera sabía de qué o por qué… era ella, la vida, él, su vida…
Lo miraba repantigado y cómodo en el sofá, casi displicente en el bamboleo de su pierna sobre el posabrazos sin darse cuenta de nada… y se preguntaba en silencio, ¿se acordaría cuando se eligieron?.
Cuántas ilusiones teníamos entonces… no podía dejar de mirarlo, deslizó suavemente sus dedos sobre la tela ya gastada, intentando recuperar algo de aquel tiempo, tratando de recordar, ¿les pasó de verdad?, ¿fué real?, nada sentía, solo un frío que asustaba…Pasó por su lado, aterrada de que intentara una caricia ya muerta…
Sus pensamientos se acomodaban con los dobleces del mantel, que sin darse cuenta estrujaba entre sus manos, aquel mantel mil veces extendido para la mesa compartida y vuelto a doblar al terminar, como señalando una rutina eterna.
Como millones de migas sacudidas en él, se dió cuenta que cada vez, también, sacudió el amor…
16-11-2010
