En toda mujer hay una buscadora de amores en potencia, y en nuestras fantasías nos imaginamos acodadas en una ventana de marcos azules, soñando, esperando, aquel galán de rosa en la solapa o la sorpresa de alguna serenata inspirada en boleros dulzones.
A veces esperamos tanto, que no nos damos cuenta que la soledad se nos encarna, nos abraza como una segunda piel.
Así es como terminamos arrumbando nuestros sueños de sexo y pasiones con hombres de otras épocas, y en el secreter del ropero de nuestra abuela, las escondemos y con doble llave le decimos adiós.
Decidimos entonces ser parte de este mundo moderno, donde la palabra romance pasó de moda y a los hombres ahora se los llama “metro sexuales”, y si de audacia se trata, lo hacemos completo, pues sin pensarlo dos veces, también investigamos sobre la nueva tendencia: «El Sex Shop”.
Generalmente se lo encuentra en una calle alejada del centro, bien desapercibido entre un quiosco y una verdulería boutique, (de paso a las mujeres se les despierta la curiosidad), la puerta está resguardada con una reja pintada de gris disimulo y una flecha medio borrosa que indica “toque el timbre”.
Así entramos a un mundo fascinante, donde el miembro masculino ha sido reproducido en todos los tamaños, colores y formas para satisfacer a los gustos más exigentes, además de increíbles aditamentos acoplados a ellos que desafían cualquier imaginación. En los estantes también pelean sus lugares cantidades de geles y perfumes afrodisíacos que tientan a comprobar los goces ofrecidos sin importar las consecuencias.
Se completa el recorrido con lo mejor del lugar: un sillón con tantas protuberancias, que te provoca quedarte parada toda la vida.
Los pensamientos te llevan a fantasear con una repisa en tu dormitorio, cubierta por una diversidad de ellos y bautizándolos con los nombres que más te gusten…
Te vas de allí rogando no tener pesadillas en donde todos los miembros cobran vida y te persiguen con minúsculos bracitos y patitas…
Yo personalmente me quedo con la ventana de mis fantasías, hombres peinados a la gomina, y boleros bailados en una baldosa… sintiendo el abrazo y el roce de su mejilla en la mía… Y temblar mientras me imagino que en la hebilla de su cinturón se arremolinan todos los placeres que voy a liberar en cuanto lo suelte…
Sue
10-11-2010
