No veo nada cuando te miro. Se quebró mi alma de tantas maneras que hasta mis ojos se quedaron sin luz y apenas puedo percibir el contorno de tu rostro que ya no quiero imaginar. Estiro mis manos, y solo encuentro soledades, mis palabras se estrellan en silencios y camino ausente evocando el arrimo leal de tus andares.
Te vuelvo a mirar desde el tumulto de mis pensamientos más oscuros, y te desafío a reflejarme en tu mirada. Quiero leer en tus ojos el poder donde yace tu sentido, conectarme, hundirme, y sentir la intensidad voluptuosa de la repulsión definitiva. Quiero volver a confiar en la fuerza de ese acto. Me exito ante la posibilidad de prever un estado de gracia que alcance a borrar lo inoportuno de la memoria.
No te rescato, te dejo en la neblina adversa. Elijo rehabilitarme y comenzar de nuevo y regresar a los soles veraniegos, a soltarme de las reclusiones y tener el valor de no culparme. No te rescato. Lo hago conmigo, exaltándome ante la visión de tantos días y misterios que me debo.
Sue
14-11-09
