Ellos se toman la mano desde la húmeda palma en donde florecen. Los cuerpos se buscan en las últimas horas, se entrelazan los alientos con besos dolidos reconociendo el final. Intuyendo el desarraigo de sus almas, vuelven a sentir la urgencia de la piel reconocida, el estallido del orgasmo, el morir uno en el otro.
Así los amantes cada día se inauguran en sus bocas, sus abrazos y en el sexo intemporal que los funde.
Beben sus instintos en la pasión prohibida, en ese lado oscuro donde se encuentran… vertiginosos en sus mentiras compartidas y sus mundos paralelos.
Ella huele a rosas, a canela y a lujurias ofrendadas solo para ese animal en celo.
Los amantes representan destinos, hombre, mujer, madre, padre, hijo, descendientes ancestrales de otras vidas, todo en uno, presente, pasado, ayer, hoy, lo antiguo y olvidado… como aquellos antes que ellos, son los que vendrán, los que aún no se encontraron, son los amantes… reproduciendo en sus actos lo inmemorial, lo que no muere, lo que une y persevera como único vencedor…
Sue
